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Paraguay

Vivir como hace 500 años

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MIGUEL BERGASA
Una colonia habita en el corazón de la selva de Paraguay. Hablan en un alemán arcaico y la oración y el trabajo marcan su día a día. En esta cápsula del tiempo no cabe la música y la llegada de la luz eléctrica generó disputas

El pecado resulta inaccesible cuando se viaja en una carreta tirada por caballos y sustentada sobre ruedas de hierro. La ciudad, donde suele anidar la tentación, se convierte en un objetivo demasiado lejano para los residentes de Nueva Durango, una colonia de fieles menonitas enclavada en el corazón selvático de Paraguay. El fotógrafo navarro Miguel Bergasa llegó allí hace treinta años, tras recorrer caminos embarrados y flanqueados por la espesura. Al final del viaje encontró un puñado de granjas diseminadas en una superficie de 400 kilómetros y otra realidad, ajena a la de un país latinoamericano actual. El lugar estaba habitado
Por unos 2.500 individuos de origen centroeuropeo que se expresan en una forma arcaica del idioma alemán y permanecen fieles a las costumbres del siglo XVI, cuando el exsacerdote católico y reformador protestante Menno Simons impulsó una interpretación extremadamente rigurosa de la fe cristiana. El autor ha vuelto media docena de veces y el resultado de su periódica convivencia con esta extraña comunidad (parecida a los amish, un subgrupo de los menonitas escindido en el siglo XVII) acosada por la modernidad, es una exposición abierta en el Museo de la Universidad de Navarrra. El artista recuerda que las lámparas de aceite alumbraban los sobrios hogares durante su primera estancia y que la vida resultaba monótona y dura en un lugar donde todo se halla estrictamente regulado y sólo hay lugar para el trabajo y la oración, mientras que la música, el baile y cualquier tipo de ocio están prohibidos. La atención sanitaria es muy básica y tampoco cuentan con medios de transporte adecuados hasta el hospital más cercano, lo que propicia una mortalidad también elevada.
Los retratos muestran una comunidad endogámica, homogénea, vestida con una indumentaria similar y, aparentemente, desprovista de diferencias sociales en su común sobriedad. Los varones se atavían con pantalones de peto y las mujeres visten sencillos vestidos y cubren la cabeza. Todos reservan las mejores galas para el encuentro dominical en la iglesia, uno de los pocos edificios comunales. Su credo, de índole anabaptista, exige la celebración del sacramento del bautismo en la edad adulta.
Son el 0,7% de la población paraguaya pero aportan el 6% del PIB, pese a vivir sin tecnología
La rutina regula su existencia. Las familias poseen haciendas aisladas, los hombres cultivan el campo, las mujeres atienden la casa y alimentan el ganado estabulado, y los niños acuden a una escuela donde sólo aprenden a leer la Biblia, escribir y breves nociones de matemáticas. Seis años después, abandonan las aulas para trabajar la tierra, el destino inexorable de todos ellos. «Es una burbuja», explica el autor. «Los jóvenes saben que existe otro mundo a 50 kilómetros, pero, ¿cómo llegar hasta él con su escasa formación y recelando de lo desconocido?», se pregunta el autor de la muestra.
Los primeros residentes llegaron procedentes de México, territorio del que partieron ante los problemas de seguridad y la competencia con otros productores agropecuarios, y fueron bien recibidos por el dictador Alfred Stroessner. Su ideal pacifista y espíritu aislacionista no cuestionaban su régimen autoritario. Hoy, Paraguay cuenta con 40.000 menonitas (apenas el 0,7% de la población) repartidos en varias colonias, autónomas entre sí y con diferente rigor en los ritos. Nueva Durango, fundada hace cuarenta años, está considerada la más integrista. « Como premisas para instalarse, solicitaron al Gobierno la exención del servicio militar, la preservación de su idioma y el control educativo, barreras necesarias para impedir la contaminación exterior», explica Bergasa. Con el tiempo se han convertido en una pequeña potencia económica que proporciona el 75% de la producción láctea y el 6% del PIB del país.
Votación por la luz eléctrica
Fuera del tiempo y del espacio, esta cápsula procedente de la Europa de la Reforma ha permanecido impenetrable a la sociedad hispanoparlante que la rodea. En su haber destaca la solidaridad, que impide que cualquiera de sus miembros sufra penurias. Ahora bien, su actividad económica supera las fronteras de su pequeño universo. Las familias comercializan sus excedentes y, de esta manera, adquieren algunas nociones de castellano y conocimiento del entorno. Sobre las mujeres, recluidas en el ámbito doméstico, se abate un velo aún mayor. «Nunca he podido hablar con ellas, no sé si porque no saben el idioma, por vergüenza o porque les está prohibido el contacto con extraños», confiesa.
Pero este orden orwelliano se halla en peligro. La tecnología llega donde no alcanzan los viejos tractores y es capaz de agitar sólidas convicciones, aquellas que reclaman la salvación ligada a la fe y la agricultura tradicional. En 2003, el Gobierno impulsó la electrificación de la comarca y ofreció servicio a los vecinos germánicos. «Se llevó a cabo una asamblea para votar su aceptación», recuerda. La mayoría se dejó seducir por la luz artificial, pero una minoría optó por vender sus propiedades y emigrar a Bolivia, a la búsqueda de otro reducto ajeno a las comodidades contemporáneas.
El suelo de terrazo que sustituye a la tierra batida, la moderna cafetera sobre la mesa y otras pequeñas innovaciones demuestran pequeñas grietas en el sistema. Los niños siguen aprendiendo el alemán más añejo con el único apoyo de la Biblia y las misas se prolongan durante horas, pero, tras la lectura de los Evangelios, los jóvenes abandonan el templo en busca de los colmados que han aparecido más allá de los límites de la aldea y que les proporcionan la cerveza y el tabaco que consumen mientras escuchan los transistores que guardan bajo sus modestas ropas.
«Las nuevas generaciones saben que hay otro mundo», explica Bergasa. La capital, Asunción, se halla a 200 kilómetros, pero el camino es mucho más largo para los durangueses. «Se hace muy difícil salir». Los muchachos pronto encauzan sus vidas en el seno de esta fraternidad protestante. Las parejas suelen contraer matrimonio a los 17 y pueden ser padres de media docena de hijos al frisar la treintena.
Las tensiones en Nueva Durango han dado lugar a medidas represivas. Jacob Wall, el anfitrión del fotógrafo navarro, ya no reside en la comuna. «Fue disciplinado, lo que quiere decir que fue expulsado», indica. Al parecer, propuso cambios en el modelo educativo que incluían la introducción del deporte, una medida para mitigar la falta de opciones de ocio para los chicos. La respuesta fue drástica.
Hay otras fracturas en la burbuja. La más importante procede de la inauguración de una escuela, muy cerca de su término municipal, que ofrece un programa curricular más adecuado a estos tiempos. «Ha generado un gran rechazo entre los más conservadores».
La disciplina tampoco puede detener el inconformismo y el afán de cambio. Las acusaciones contra la autoridad local se han sucedido a lo largo de los últimos años. Los propios residentes han denunciado torturas físicas y psicológicas a quienes han pretendido contactar con individuos ajenos a la comunidad, o utilizar móviles, ordenadores y otros artilugios. 20 familias han sido ‘disciplinadas’ tras haber infringido las normas y han formado su particular iglesia. «Hay cierto movimiento», reconoce Bergasa. La tradición, incólume durante cuatro siglos, parece sucumbir ante la tentación del insidioso mundo moderno.
Fotos

  1. Funeral de cuerpo presente de una niña menonita. 2. Una día de clase; mucha Biblia, escritura y algo de matemáticas. 3. Una mujer en el colmado. / MIGUEL BERGASA
    2-Los jóvenes se suelen casar a los 17 y a los 30 están cargados de hijos. / MIGUEL BERGASA
    3 Las imágenes se antojan fotogramas de una película y, a menudo, nos retrotraen a los hábitos de los pioneros durante la conquista del Lejano
    4-La comunidad menonita de Paraguay vive anclada en el pasado. No tienen lejos la civilización, pero la han hecho inaccesible / MIGUEL BERGASAMIGUEL BERGASA
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