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ELISA Y FRANCISCO. UN AMOR A PRUEBA DE GUERRAS.

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ELISA Y FRANCISCO. UN AMOR A PRUEBA DE GUERRAS.

Su primer encuentro en aquella noche de baile en la elegante y romántica ciudad de la luz, París, Francisco tomaría su mano y se la llevaría a los labios con la gallardía propia de aquel caballero. Ninguno de los dos jamás imaginaria la historia que empezaban a escribir juntos desde ese momento y que se prolongaria hasta sus últimos días de vida.

Él: un joven General de una incipiente República en progresivo desarrollo cuyo mandatario era nada más y nada menos que su propio padre, encontrábase en misión diplomática buscando el concurso de ingenieros, arquitectos y profesionales de toda índole, para fortalecer industrialmente su país y a la vez dotar de infraestructura bélica capaz de hacer frente a cualquier amenaza de sus celosos vecinos.

Ella: una joven irlandesa del Condado de Cork, de clase media alta, mayor de cuatro hermanos, con una juventud marcada por la muerte y la escases que provocó la hambruna en su patria, por lo que muy joven deja su ciudad natal y se desposa con un médico militar francés, del cual en ese momento se encontraba separada de hecho.

Aquel amor daría rápidamente sus frutos, Juan Francisco, Panchito, el primero de los siete que vendrían, aquel niño rubio con rasgos irlandeses y paraguayos que vendría al mundo por cuestiones del destino en la capital del futuro infame enemigo, Buenos Aires, Argentina.

Aquella pareja supo vivir los momentos más gloriosos de una floreciente República, contemplando todo el esplendor de una nación que crecía unida, pujante y orgullosa, frente a la desmedida ambición de sus vecinos; así como también soportó el rechazo social del cual fueron objeto por la propia familia presidencial y parte de la incipiente «aristocracia» asuncena.

La Guerra se tornó inevitable, ambos supieron mantener la fortaleza en los peores momentos, al ver cruzar nuestra frontera en medio de batallas y combates contra el enemigo, de Paso de Patria a Paso Pucú, dando a luz en plena guerra a un pequeño Miguel Marcial, quien días después de nacer, moriría de cólera en 1866.

Ni los fuertes bombardeos venidos de los encorozados imperiales, ni las balas de Itá Ybate, ni la escasez de alimentos, ademas de las penurias y fatigas quebrantaron el amor y lealtad que se profesaban.
Mucha sangre sería derramada en las crónicas de Cordillera y las crueles matanzas en San Fernando, el camino sería penoso y duro hasta llegar al altar de la patria: Cerro Corá.

En Cerro Corá ambos se despedirian, sellando para siempre su historia de amor y sangre, de alegrías y tristezas, de gloria y tragedia, convirtiéndose aquel anfiteatro en testigo de la escena final del héroe y del dolor de la heroína, su amada Elisa.

Muchas historias serían formuladas en torno a esta pareja, a la guerra le siguió una paz igual de hostil; la calumnia, la infamia, las más cruentas y descalificadoras historias creadas por el enemigo con el único fin de desprestigiar la causa nacional, queriendo manchar la defensa patria con un sin fin de acusaciones, injuriando a aquel hombre y aquella mujer que se convertirían a la postre, en la historia de amor mas idílica y épica que vivió el Paraguay, un amor a prueba de guerras.

Articulo: CV / JMCT
Imagen: Ilustración de Enzo Pertile ( Vencer o Morir) (Paraguay Eterno)

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